Silencio ensordecedor

No hablamos pero te oigo
como decía nuestra canción
que todavía hoy resuena en mi cabeza
(o más bien a compás de corazón)
“allí dónde solíamos gritar”

O quizás es que nuestra historia
fue más de callar,
de callárnoslo todo.

Fue más de amar,
de amar a nuestro modo,
pero de hacerlo en silencio.

Y sentencio, señoría,
que soy culpable,
culpable de acercarme
a un ser inflamable
siendo yo llamarada
y sabiendo de antemano
que todo esto ardería.

Que sin duda estallaría
en mil y un pedazos,
pero, como siempre pasaría
a partir de entonces,
lo haría en silencio.

Y por lo que yo diferencio
esto que me empeño en llamar
“nuestra historia”
es porque fue más
de matarnos el alma
sin articular frase
sin articular palabra,
desarticulándonos los huesos
desafinando los mudos acordes del alba.

Fuimos siempre de apariencias,
de vivencias inventadas,
de pura fachada de calma,
pero de morirnos por dentro.

De tener el corazón
como epicentro
de este terremoto
que cada mañana vencía
el pulso a la razón.

Y al final todo, siempre,
no acababa más
que en un “tú y yo”
fundidos en esa pasión
que suponía de todo menos unión.

-Que hable quien entienda esto del “amor”-

Y es que aquello era un círculo,
una adicción,
un inicio como colofón…
del que no salíamos
(ni queríamos hacerlo)

Y huíamos,
para retornar siempre
al mismo puto punto de partida

Y nos sentíamos,
joder que si nos sentíamos,
a veces hasta demasiado fuerte.

Y cogerte (cada vez que te caías)
y coserte (cada vez que te descosías)
era algo que dolía tanto…

Hasta el punto
de querer dejar de quererte,
deseando a la vez creerte
cuando me decías que lo sentías.

Sin embargo,
a día de hoy te puedo decir
que soy yo la que lo siento,
siento tanto todo esto…
Y no, no te estoy pidiendo perdón.

Estoy intentando saber la razón
de ser así,
de ahogarme en un vaso medio vacío
de verlo todo como un inmenso río,
donde me pierdo
y no me consigo encontrar

De ser tan intensa,
y de ver inmensa
esa gota de agua
que me dabas para calmar la sed.

Y sí,
hace mucho tiempo
que has dejado de estar
que ahora solo eres una marioneta,
que ya no sabes más que actuar

Pero, para mí,
todas y cada una de estas letras
siguen siendo un pedacito de ti.

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Comienzo del vértigo

Ha pasado ya tanto tiempo
que lo has olvidado todo:

Lo que te hacía sentir
coger mi mano
cuando el viento soplaba
tan, tan, fuerte,
que parecía acabar
con el miedo que para ti suponía
quedarte a solas con tus pensamientos.

Cuando gritabas
a los cuatro vientos
(aunque siempre fueron más)
un “te quiero, te lo juro, no te miento”.

El tacto de tus labios
en nuestro primer beso,
las ganas,
las emociones,
aquel sentimiento.

Las carcajadas
que te provocaba
después de las lágrimas,
el llorar de la risa,
el mar,
la brisa,

y el eco de un gemido
que nos hacía temblar las piernas,
que se fundía con el oleaje
que golpeaba las rocas
y tomaba las riendas:

De tu cuerpo,
del mío,
de ese escalofríoque nos recorría
de pies
a cabeza.

Pero ahora esto no es más que el mundo al revés…
Porque tal vez,
todo aquello se ha acabado.

Se ha disipado,
cómo ha hecho
el que fue siempre
mi deseo más profundo:

El querer estar anclado
a ese pasado
en el que simplemente vivía,
a tu lado,
con ese alma de niño
que parece haberse marchado.

Por favor,
dime ya dónde se ha metido
el pequeño que vivía dentro de ti,
que sonreía a la vida
a pesar de los mil golpes

El que decía que soñaría…
para siempre.

Pero ahora nada de eso está.
Ahora yo ya no soy,
porque tú ya no eres.
Ahora yo ya no estoy,
porque tú ya no estás.

Segundo peldaño

Me ahogo en tu reflejo
buscando un atisbo de lo que eras,
pero no encuentro
ni el más mínimo resquicio de luz.

Porque todo esto
no es más que un puto ataúd
de sentimientos atrapados.

Porque no somos más
que un par de dados
jugando a cara o cruz,
queriendo sumar,
y barajando la oportunidad
de que en esta partida
salga de una vez por todas
un as de corazones,
que, con suerte,
nos devuelva todas esas razones,
que el tiempo nos ha arrebatado.

Quiero saltar al océano de tus ojos,
pero me doy cuenta de que ahora
es un enorme desierto rojo
de miradas vacías:

Y yo,
en este campo de minas,
con una pistola cargada de versos,
cargada de rimas.

Y tú,
que me ves
pero ya nunca me miras,
así,
como solo tu sabías.

Y tú,
¿quién lo diría?
el que tanto me quería…

Has tensado las cuerdas
que nos unían,
has borrado la tinta de la letra
que formaba nuestra historia

Y ahora

todo

está

roto.

Descosido.

Tachado.

Porque me has fallado,
me has matado
y mi alma fría se hunde en tu pecho,
amor…
parece ser que mi interior
sigue necesitando de tu calor.

Pero cuanto más
y más
y más
lo ansío,
poco a poco
te vas convirtiendo en frío.

Y es que yo ya no confío
en el desafío que supone
sobrevivir a este duro invierno…
sin ti.

Principio del fin (Peldaño I)

Son-risas
y a la vez son lágrimas
porque puede que nunca más
vuelva a ver aquello que fuiste.

Explícame porqué huiste,
porqué tú corazón
ya no late como antes
al tenerme al lado.

Cuéntame porqué has acabado,
porqué has arrasado con las ganas,
esas que me tenías,
que decías que nunca se irían
y que tú tampoco lo harías.

Dime dónde se ha escondido
tu alma de mí,
donde está aquello que fui
cuando nos teníamos de verdad.

Y de verdad te pido que me expliques
de una vez por todas
donde está el que era,
entre miles de personas,
aquel del que me enamoré.

Y mi pecho (que nunca razona),
te ruega que cojas un mapa
y señales ese lugar:
la exacta zona,
en la que se encuentra tu corazón.

Y con razón, vida mía,
te suplico que te quites ese armazón,
que te tapa por completo.

Porque ansío libertad
y tú no haces más que encerrarme
en mi más oscura mitad.

Aquí,
dentro de esta jaula
de cuatro paredes
en la que lo único que me queda de ti,
es tan solo tu exterior.

Y entre temblor y temblor,
de esta entrecortada voz,
exclamo…
qué duro el tiempo,
y qué aterrador…
que se burla de mí,
que me arrebata tu amor.