.

Por desgracia (o por suerte, ya que de todo se aprende), me he cruzado en mi vida con bastante desgraciado. Por eso puedo decir que es MUY triste llegar al punto en el que una se llegue a cuestionar el significado de ciertos comentarios ofensivos, degradantes y machistas, pensando que no lo son. Porque hasta ese punto se puede llegar. Al de pensar que es culpa tuya. Y NO.

Para todos los que decís que el feminismo es la simple igualdad entre hombres y mujeres (de hecho es así como aparece en la RAE), dos cosas: La primera, os invito a informaros sobre diversas definiciones que la misma ha dado a palabras como “fácil” (sí, aún en pleno siglo XXI). La segunda, pensad si realmente se trata de una institución igualitaria.
Con todo esto no quiero decir que nadie merezca un peor trato. Claro que no. Por supuesto que todos somos personas y merecemos respeto. Pero es que perdonadme, el tema de la mujer va más allá.

…Menos mujeres cuanto más elevado es el rango de trabajo. Brecha salarial. Y los niños, y los cuidados de la casa. Y cuidado, cuidado siempre…. Cuidado al volver a casa, cuidado con quedarte sola, cuidado, cuidado, cuidado.

A todas las personas que piensan que esto se está llevando al límite, o que se está exagerando; de verdad os pido que os cuestiones un poco la vida. Y a los que supuestamente nos “denfendeis”, ¿qué pasa luego con vosotros? ¿Acaso no os enseñaron de pequeños lo que quiere decir la palabra no? ¿No os enseñaron a respetar? ¿No os enseñaron a ver más allá de vuestra … cuando se lo estáis haciendo pasar mal a una mujer? ¿No os enseñaron que se piensa con la CABEZA y no con lo de abajo? Parece ser que no. Pues bien, os cuento un secreto, si nadie os ha enseñado ya sois mayorcitos para aprender solos.

Me parece que ya va siendo hora, año y siglo de dejar de ser consideradas inferiores. De estar tres escalones por debajo, en el suelo, y muchas incluso debajo de él (duro pero cierto).

Y ojalá que algún día todo esto esté tan interiorizado que no haga falta aprenderlo. Algún día. Mientras tanto, creo que cada vez somos más las que no nos vamos a quedar calladas.

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Segundo peldaño…

Y yo,
en este campo de minas,
con una pistola cargada de versos,
cargada de rimas.

Y tú,
que me ves
pero ya nunca me miras,
así,
como solo tu sabías.

Y tú,
¿quién lo diría?
el que tanto me quería…

Has tensado las cuerdas
que nos unían,
has borrado la tinta de la letra
que formaba nuestra historia

Y ahora

todo

está

roto.

Descosido.

Tachado.

Porque me has fallado,
me has matado
y mi alma fría se hunde en tu pecho,
amor…
parece ser que mi interior
sigue necesitando de tu calor.

Pero cuanto más
y más
y más
lo ansío,
poco a poco
te vas convirtiendo en frío.

Y es que yo ya no confío
en el desafío que supone
sobrevivir a este duro invierno…
sin ti.

Loca

Loca.
Loca de remate.
Pero no loca loca de amor
y menos loca por ti..
No te confundas,
que ya suficiente tengo conmigo.

Y así te lo digo:
Que esto de amar nunca fue lo mío,
porque cuando no sabes
quererte ni a ti mismo
sobra todo lo demás.

Y qué más da,
y quién da más
en este estúpido juego de cartas
en el ya me harto de hacerme tanto la tonta
porque sé de sobra
que en un par de rondas
todo habrá acabado.

Y tirarás el dado,
saldrá tu número
y en menos de un segundo
ya te habrás marchado.

Pero te digo y te repito
que quien tiene magia
no necesita trucos;
pero es que ni tú eres mago
ni yo necesito
de tus trampas de ilusionismo baratas
ni artimañas de conejos y chisteras.

Que, sinceramente,
ya tengo demasiado vistos
a los tipos que van de listos.

Como tú. Pero hoy no.

Porque hoy,
la magia a la que yo me refiero
es propia de quien convierte
las horas en minutos
y los minutos en segundos.

Es propia de quien es corazón,
de quien te quita la respiración
haciéndola desaparecer
con su sola presencia
y reaparecer con su mísera ausencia.

Pero.
Por favor.

Plantéate qué haces
hablando de fuego
a quien ya se ha quemado
mil veces por dentro.

Y atento, que aquí van “un par” de consejos:

No se puede hablar de jaulas
al pájaro que ya ha experimentado
lo que es volar,
aunque solo haya sido una vez.

Y es que tal vez,
lo que yo necesito
es que me liberes de estas rejas
que me están cortando las alas.

No se puede hablar de historias de vida
a quien esquiva las balas
y escribe su propio cuento.

Cada día.

No le cuentas del viento en la cara
al que es huracán
arrasando hasta con su propio
camino de huida.

Y déjate de historias
de lo mucho que te encanta la lluvia,
porque no hablo de ver las gotas golpeando la ventana…

(Esto por si te interesa)
Yo soy más de suplicar por dentro
que me saquen de una vez a bailar
bajo la tormenta,
para no ser la única que se cala hasta el alma.

¿Sabes?

Resulta que tengo un agujero negro en mi pecho izquierdo
que tiende a estallar
en una enorme llamarada.
Y tú, coleccionista de mecheros,
¿Me explicas que hacemos ahora?

Ríos que desbordan

¿Debilidad?
¿Compasión?
O quizás… ¿llamar la atención?
Vivimos en un mundo en el que alcanzar la felicidad es la constante pretensión. Pero eh, no valen medias tintas, aquí todo tiene que ser en su máximo esplendor. Parece que no existe otro sentimiento, ni otra emoción permitida a parte de la alegría.

Pero llorar.

Llorar es una expresión emocional necesaria, es una reacción que no tiene otra finalidad que la de, ni más ni menos, reducir el estrés y la tensión que en un momento de nuestra vida simplemente nos invade.
Sin embargo nadie nos puede ver hacerlo.

Desde Infantil: “Los mayores no lloran, o qué pasa, ¿eres un bebé?” “Sales a llorar fuera y cuando te hayas calmado entras”.

¿Qué es lo que sucede? Que todo lo que no sacas fuera se empieza a acumular dentro. Pero no pasa nada, porque solo son niños ¿no? Solo niños…

Entonces llegas al colegio, y no lloras porque te da vergüenza. Si eres chico significa que eres débil, si eres chica que las princesas no lloran.

Hablamos de ideales machistas y… vaya, he aquí uno de los miles:
Visión del hombre llorando como “afeminado” (destacar que esta última palabra es sinónimo de “rechazado” por el resto).
Y asociación de la mujer (llorando y siempre, cabe decir) con la debilidad.

¿En qué clase de mundo de mierda vivimos que incluso en el llanto, en la simple y llana expresión de un sentimiento, ya nos encontramos inmersos los estúpidos roles de género?

Y… ¿qué pasa después? Que eso que no sacaste fuera cuando era necesario se sigue acumulando. ¿Y ahora? Ahora se ha convertido en veneno, se ha quedado retenido y no deja de aumentar.

Entonces llegas al instituto. Los padres te dicen que estás en “la edad tonta”. Y reza por no ser chico y que tus amigos te vean hacerlo en público, que igual te llevas una paliza por “nenaza”. Porque eso es lo que pasa.

Y también pasa otra cosa: los años y el daño, que sigue creciendo. Es tan grande que oprime, que suprime hasta la respiración. Pero respiramos, aunque a veces falte el aire. Y callamos. Porque todo es en silencio.

Entonces llegan las redes sociales, el quedar en las discotecas, en los bares y de hacer ver al resto todo lo perfecto. Porque en la vida parece que el camino de todos es recto. Sin torceduras, sin tachaduras.
Aquí nadie tiene problemas, aquí nadie acarrea con penas.

Y el que lo hace es un exagerado, porque… “eres un afortunado, ¿o acaso no lo ves?”
Y se convierte en un círculo. “Tenlo presente, siempre hay alguien peor. Siempre.”

Y la jodida manía de verlo todo banal:
porque “parece que te quejas por todo, no se te puede decir nada”
porque “eso son tonterías”
porque “no es día para llorar por esta estupidez”.

Pero luego hay algunos locos que piensan, como yo, que esta debería ser la sensatez:
Para mí, “problema” es simplemente lo que A TI te hace estar mal. Porque cada persona es un mundo. Es tal la abismal diferencia, que no existe un problema preestablecido: Uno puede acabar hundido por algo que al otro ni le roza los tobillos. Y viceversa. Así la carga emocional sube, y besa los límites.

Nos vamos haciendo adultos, y empiezan los problemas de ansiedad, el constante estrés, la depresión. La tensión. Porque ya eres mayor y el veneno es tal que te consume. Pero ya es costumbre.

Nos habituamos a los nudos en la garganta que sentimos tantas y tantas veces. A los ojos brillantes que son como un río al que solo le hace falta una mínima gota para desbordarse. Pero tragamos saliva y nos tragamos el llanto. Y el río no puede más que inudar(se) nuestro interior.

Porque somos adultos, y los adultos no lloran, eso es cosa de niños. ¿Qué ironía verdad? A aquellos a los que en su día tampoco dejaron.

Pero atento. Acércate un momento, que quiero darte un consejo, a ti, añejo de penas:

Busca un hombro al que no le importe mojarse. Una persona que quiera calarse por ti (en todos los sentidos).
Alguien que no te diga “no llores”, sino que sea de esos a los que no le gustan los actores y quiera personas sin pudores.
De los que te quitan los temores dejándolos fluir. Porque de eso se trata. De que te hagan sentir más relajado y no totalmente ridiculizado.

Se trata de llorar hasta quedarse a gusto, sin tener que sentir ese nudo en el estómago.

Y para terminar, no, no existe el mago que todo lo cure. Pero aquí me tienes a mí, que si quieres te abrazo, nos damos la mano, y quizás te saco una sonrisa con los ojos aún mojados.

Lo(cura) permanente.

Soy de quedarme anclada
en momentos pasajeros,
de ser de esos viajeros
que disfrutan más de una mirada
que del paisaje

De soñar despierta
en hacer un viaje
sin billete de vuelta
a tu cintura

De la pura,
inconsciente,
e incondicional locura
que significa quererte
sin tan siquiera conocerte

De la desfachatez que supone
no tener nada que decir
pero que al imaginarte reír
mis ojos te lo expliquen todo.

Soy más de bañarme en lodo,
de disfrutar al revés,
de hacerlo a mi modo…
de esa forma que nadie entiende.

Y si algún día tu subconsciente
-del que la locura
como un fino hilo pende-
te pone en mente
la idea de quitarte la capucha
en plena tormenta…

Recuerda que yo soy aquella chica
que intenta,
e inventa
CUALQUIER cosa,
por hacerte reír.

Tenlo siempre presente.

Y escúchame bien, amor,
si crees que tú interior
por algo más se desalma,
si mi mirada te desarma
si empieza a odiar
esa monótona calma

Recuerda que yo soy de excesos,
de calarme hasta los huesos
y sobre todo de calar(te) el alma

De refugiarme bajo tus besos
(quiero decir,
esos que aún no me has dado)
y de bailar bajo la nieve
en pleno invierno

Soy esa loca de ensueño
que te saca del infierno
en el que ella misma se haya
de esas que dan respuesta
al problema
que cada noche y cada día falla.

Y a ti…
acabo tal y como empecé:

Diciéndote que el secreto quizás esté
en que la locura
sea el único remedio
que lo cura
TODO.

No se trata solo de amar, sino de A (R) M A R S E de valor.

Y si hay algo he aprendido
durante estos (d)años
es que ya no existen
ni la suerte
ni el azar,
porque aquí no se trata
solo de amar
sino de a(r)marse de valor

Porque lo bueno te lo buscas tú.

Y que si tienes lo mejor,
si has conseguido ahuyentar al dolor,
es porque te lo has ganado a pulso
sudor y sangre,
en uno de esos impulsos y
de ir a por todas.

Y los segundos, minutos y horas
pasan a serlo todo,
porque
nada
ocurre
porque sí.

¿Sabes?
A veces pienso que quizás
no ocurra nada más
que esto que aquí escribo:
que el destino
se haya equivocado conmigo
pero bien.

A veces pienso que quizás
sea testigo de un hipotético castigo
que a lo mejor no me merezco.

Así que te ofrezco un trato,
a ti, ingrato destino:
Si realmente la has cagado conmigo,
dame al menos un rato
para intentar arreglar este desastre

Mientras tanto yo,
cautiva que te considera lastre
se consuela pensando
en que puede
que las leyendas
no sean más que eso,
leyendas…

III Ley: Pasaban los (d)años

Así pasaban los años
(con algún que otro daño)
y joder, seguíamos igual,
luchando en contra del viento,
dejándonos sin aliento
pero al final,
recuperándolo entre polvo y polvo.

Pero el polvo,
(que hasta ahora solo lo conocíamos
de una manera… ya sabes)
se nos presentó de otra muy distinta:

Encima de cada mueble,
en cada rincón,
encima del reloj del salón
que ya había dejado de sonar,
y en el cajón de los recuerdos
que ya solo eran eso,
materia inerte
fuera de nuestra mente
desde hacía años

II Ley: Repulsión y tú, en el medio de mi corazón salvaje

(…)

Pero en fin,
que éramos dos fuerzas magnéticas
con una particularidad
de todo menos ética:
polos cambiantes

Así pues, resultaba
que el antes y el después
eran totalmente diferentes
a como lo era en ese momento
nuestra mente

A lo mejor ese fue el problema:
que cuando éramos
polos opuestos
nos atraíamos, simplemente;
pero cuando uno de los dos
se volvía igual al otro
huíamos,
sin remedio.

Y en medio estabas tú
con ese asedio
de ganas de mí

Y la cuerda se tensaba demasiado.

Tú, que aún teniéndome al lado
ansiabas tocarme
pero a medida que te acercabas
a medida que pasaban los días
solo conseguías alejarme más
y más

Y a pesar de las ganas,
al fin y al cabo,
no nos quedaban más
que aduanas de control de corazón
que solo nos distanciaban

I Ley-enda de amor: atracción

Cuenta la leyenda
que las personas
destinadas a conocerse
-o a reencontrarse, claro-
están conectadas por un hilo rojo
que a su antojo las une

Dicen que es inmune,
que permanece ahí
a pesar del tiempo
del viento
del huracán
y del tormento

Que no se desvanece
a pesar de las circunstancias
de las vivencias
y de las causas
y consecuencias

Que nunca desaparece
a pesar del lugar,
del significado de estar
a un mar de distancia
y de andar en dirección opuesta

Dicen que se puede enredar
incluso tensar,
pero que con él
nada ni nadie
podrá acabar

Y ahora,
supongo que lo que toca
es desnudar al corazón
de todo tipo de razón
para hablar de ti.

Es cierto que tú
me has hecho perder
la noción de tiempo,
y miento si te digo
que alguna vez
me ha importado el donde

Porque lo único
que siempre he querido
es que estuviese donde estuviese,
fuese contigo

Y que aunque todo el mundo
y todas las constelaciones
se alineasen en nuestra contra,
tú y yo seguíamos ahí
contra viento y marea
siempre dando guerra

Y para guerra,
la que todas las noches
teníamos entre tus sábanas
hasta que alguno pedía tregua

-incluso a veces nos matábamos,
pero siempre de placer-

Es cierto que tú
(y solo tú)
eres quien me ha hecho querer
enredarme entre tus piernas
entre tu pelo
entre tu piel…

Que me has subido hasta el cielo,
porque lo nuestro era pura energía
como un sueño,
una utopía
que se cumplía cada noche,
que no se desvanecía.

Siendo sinceros,
pequeño,
siempre preferí
que me hicieras ver las estrellas,
que hicieras mellas
en los bordes de esta cama
de sábanas desgastadas

Yo siempre preferí
aquellas sensaciones dotadas
de la capacidad de hacerte perder
cualquier tipo de noción

Y no empalagosas promesas
de libros de ciencia ficción
sobre esas historias
de bajarme la luna…
una, y otra y otra vez
sin ningún tipo de pasión

Como bien siempre has sabido
yo lo que necesito
es una buena dosis de emoción

Tal y como lo era la nuestra:
Una atracción como ninguna,
con esa tensión acumulada
que cuando se soltaba
no tenía fin

Creciendo de cabeza, corazón y alas.

Te quiero cuando solo existe
el verbo callar
y solo se diferencia
esa voz de disfrazada inocencia
que no sabe más que gritar.

Te quiero cuando el mundo
está despierto
y tú no puedes parar de soñar

Te quiero cuando el resto
ha llegado a puerto
y tú aún sigues ahí,
con esa imaginación de cuento
soñando con ser pirata:

Pirata de los que conquistan
todos los males
y los arrojan mar adentro
para que no regresen jamás

Porque miento
si digo que cuando de (a)mar se trata
no te gana nadie.

Te quiero porque te percibo
como la llamarada más viva
de este incendio

Te quiero cuando me enciendo
porque tu sigues al rojo vivo
en pleno invierno

Y te quiero porque no te entiendo
porque ni tú lo haces
y porque quizás,
si algún día te aclarases…
simplemente,
dejarías de ser tú.

Te quiero indomable
infumable
y jodidamente inaguantable
(y eso en tus mejores días)

Porque cuando te metes
en tu papel de arpía de cuento…
no te gana nadie.

Te quiero porque
me atropella tu sonrisa,
porque haces que cualquiera
se quede parado al verte
ensimismado con tu risa

Y en ese momento
pasas a ser leona insumisa
atrapando a su presa
con un solo arma: tú misma
(con todo tu ser)

Y por dentro,
me pesa el día
que no te puedo ver,
porque tengo miedo
de que te canses
y nunca más
vuelvas a aparecer por aquí

Y debo decir
que cuando estás ausente
regresa todo lo malo
y todo el mundo lo siente
(O más bien yo diría que deja de sentir)

Así que ojalá te quedes,
ojalá jamás te quieras ir.

Y precisamente por esto
te aprecio tanto:
porque no te conformas
con cualquier gilipollas

Porque protestas,
porque nunca te callas,
porque siempre contestas

y sobre todo porque apuestas
todo al rojo
por ti.

Te quiero porque sabes
que nadie te va a sacar
las castañas del fuego

Que a buscar la leña
para hacer hogueras
ya aprendiste tu solita
hace mucho tiempo

Y hablando de hogueras,
no hace falta que me repitas
que de brujas sabes un rato,
porque, déjame que te diga:

Eres la peor
con ese “nosequé”
que dicen que hechiza
(y comprobado está que realmente lo hace)

Te quiero tan jodidamente sensual
como cuando me abres
la mente
de par en par

Te quiero cuando sin esperar
te tiras a la piscina,
sin saber si te vas a dar de bruces,
sin saber si está vacía
o sin saber si es un campo de minas

Te quiero porque iluminas,
porque tienes la virtud
de dar luz
en esta oscuridad
de noche sin estrellas

Te quiero porque tienes
esa actitud tan tuya
porque eres a la vez latitud norte,
y latitud sur,
porque joder,
eres pura infinitud

Te quiero a morir, o más bien a matar: por ti

Te quiero a rabiar: y que rabien porque nunca dejaré de hacerlo

Te quiero hasta aburrir: y eso que contigo es incomprensible

Te quiero porque eres inconfundible e irrepetible: porque ya me ha quedado más que claro que como tú no hay otra (y menos mal)

Te quiero irascible: y aún así, haces que quiera acercarme más a ti

Te quiero inconcebible: y eso que, aunque parezca mentira, estás (a veces)

Te quiero incorregible: porque realmente, que te voy a decir a estas alturas, chica… eres imposible

Y te quiero
porque haces que te quiera
LIBRE