Pequeños gigantes

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¿Qué pasaría si desde pequeños nos enseñaran que el cielo no solo es azul?
Que los atardeceres y amaneceres lo tiñen de rojo, que la tormenta lo pone gris, y que por la noche se vuelve negro como el carbón que los reyes traen a los niños que se han portado mal. Incluso hay días en los que puede ser blanco. Sí, del color que tenían esos muñecos de nieve que hacíamos con tanta ilusión con nuestros papás cuando, para sorprendernos a todos, caían esos preciosos copos del cielo y nuestra ciudad se convertía en un lugar mágico.

Si a partir de ahora dejásemos a los pequeños coger la pintura amarilla, la roja, la naranja, la gris y la negra… en vez de solo la aburrida azul, la azul cielo que llaman (valga la redundancia, por si el concepto no había quedado claro…).

Y que los juguetes no deberían tener género, y que no deberían representar los roles de ambos es algo, que a estas alturas, como adultos, deberíamos que tener más que claro.
Y qué bonito sería ver a un niño disfrazado de la princesa de su peli favorita, de color rosa, porque le encanta el rosa y le encantan las princesas.
Y qué bonito ver a una niña conduciendo coches y motos de juguete o dando patadas a un balón, con el pelo suelto porque odia todos esos estúpidos lazos que su madre se empeña en ponerle, ama sentir el viento.

¿Qué pasaría si inventásemos con ellos cuentos en los que es la princesa la que salva al príncipe? O en los que aquel que libera al pueblo deja de ser el héroe para pasar a ser la heroína, la guerrera de la historia.

¿Y lo precioso que sería que entendiesen que el amor no es exclusivo entre sexos opuestos? Si no que es un sentimiento entre personas, que no entiende de género, no entiende de edad, no entiende de raza. Porque el amor no se razona ni se entiende, el amor simplemente se siente.
Y qué bonito sería que todo esto lo comprendieran porque, sencillamente, fuese algo que viesen día a día como normal, como lo más normal y natural del mundo.

¿Qué pasaría si cambiásemos las fichas de flores por llevarles un día al campo y que fuesen ellos mismos los que cultiven y vean evolución de sus propias plantas? ¿Y si cambiásemos las fichas de animales por pasar un día en el campo empatizando con los animales?

Quizás dejaríamos de ver a niños que tratan a los seres vives como si fueran simples objetos a los que se puede hacer lo que quieran.

Y digo yo, ¿por qué no aprovechar ese vínculo que tenemos con la naturaleza? ¿Por qué no aprovechar los sentidos? Por qué no ver, oír, oler, saborear y tocar…

Y… ¿qué pasaría si les dejásemos pensar? Si no diésemos por hecho que por ser niños “no saben”, si les preguntásemos antes de llegar a estúpidas conclusiones que, sin duda, no pueden estar más alejadas de la realidad. Nos sorprenderíamos tanto… De todo lo que piensan, de lo que sienten, de su forma de ver el mundo.

¿Y qué hay de sus intereses? ¿Dónde queda eso de que aprendan lo que realmente quieren saber y no lo que les imponemos? ¿Y qué hay de que sean ellos mismos quién quieran saber más, quiénes se pregunten las cosas, quienes sientan curiosidad?

Me encantaría poder comprobar que pasaría si cada mañana dejásemos a un lado las prisas para saludar a nuestros niños por su nombre, uno por uno, y decirles algo bueno a cada uno de ellos. Si recalcásemos lo bueno, si les dijésemos desde que son pequeños que pueden. Si fomentásemos la autoestima… Si les hiciésemos respetar a los demás pero también así mismo.

Que quizás, el truco esté en ser nosotros los primeros que toleremos, para que ellos toleren; en escuchar, para que ellos escuchen; en estar motivados, para que ellos se motiven.
En ser el modelo a seguir de esas pequeñas esponjas que lo absorben TODO.

Quizás el truco esté en que te pregunten, ¿porque elegiste esta profesión? y que tu respuesta no sea “porque me gustan los niños”. Sino más bien que sea porque estás convencido como nunca lo has estado de nada, de que puedes sacar de ellos lo mejor, de hacerles dar su máximo.

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Que en definitiva no somos más que eso, animales fundidos con la naturaleza, acabando irónicamente con aquello de lo que formamos parte, destruyéndonos a nosotros mismos.

Silencio ensordecedor

No hablamos
pero te oigo
como decía nuestra canción
que todavía hoy resuena en mi cabeza
(o más bien a compás de corazón)
“allí dónde solíamos gritar”

O quizás es que nuestra historia
fue más de callar,
de callárnoslo todo

Fue más de amar,
de amar a nuestro modo…
pero de hacerlo en silencio.

Y sentencio, señoría,
que soy culpable,
culpable de acercarme
a un ser inflamable
siendo yo llamarada
y sabiendo de antemano
que todo esto ardería

Que sin duda estallaría
en mil y un pedazos,
pero, como siempre pasaría
a partir de entonces,
lo haría en silencio.

Y por lo que yo diferencio
esto que me empeño en llamar
“nuestra historia”
es porque fue más de matarnos el alma
sin articular frase
sin articular palabra,
desarticulándonos los huesos
desafinando los mudos acordes del alba.

Fuimos siempre de apariencias,
de vivencias inventadas,
de pura fachada de calma,
pero de morirnos por dentro

De tener el corazón
como epicentro
de este terremoto
que cada mañana vencía
el pulso a la razón

Y al final todo, siempre,
no acababa más
que en un “tú y yo”
fundidos en esa pasión
que suponía de todo menos unión

-Que hable quien entienda esto del “amor”…-

Y es que aquello era un círculo,
una adicción,
un inicio como colofón…
del que no salíamos
(ni queríamos hacerlo)

Y huíamos,
para retornar siempre
al mismo puto punto de partida

Y nos sentíamos,
joder que si nos sentíamos,
a veces hasta demasiado fuerte

y cogerte (cada vez que te caías)
y coserte (cada vez que te descosías)
era algo que dolía tanto…

Hasta el punto
de querer dejar de quererte,
deseando a la vez creerte
cuando me decías que lo sentías

Sin embargo,
a día de hoy te puedo decir
que soy yo la que lo siento,
siento tanto todo esto…
Y no, no te estoy pidiendo perdón

Estoy intentando saber la razón
de ser así,
de ahogarme en un vaso medio vacío
de verlo todo como un inmenso río,
donde me pierdo…
y no me consigo encontrar

De ser tan intensa,
y de ver inmensa
esa gota de agua
que me dabas para calmar la sed.

Y sí,
hace mucho tiempo
que has dejado de estar
que ahora solo eres una marioneta,
que ya no sabes más que actuar

Pero, para mí,
todas y cada una de estas letras
siguen siendo un pedacito de ti.

Comienzo del vértigo

Ha pasado ya tanto tiempo
que lo has olvidado todo:

Lo que te hacía sentir
coger mi mano
cuando el viento soplaba
tan, tan, fuerte,
que parecía acabar
con el miedoque para ti suponía
quedarte a solas con tus pensamientos

Cuando gritabas
a los cuatro vientos
(aunque siempre fueron más)
un “te quiero, te lo juro, no te miento”.

El tacto de tus labios
en nuestro primer beso,
las ganas,
las emociones,
aquel sentimiento.

Las carcajadas
que te provocaba
después de las lágrimas,
el llorar de la risa,
el mar,
la brisa,

y el eco de un gemido
que nos hacía temblar las piernas,
que se fundía con el oleaje
que golpeaba las rocas
y tomaba las riendas:

De tu cuerpo,
del mío,
de ese escalofrío
que nos recorría
de pies
a cabeza.

Pero ahora esto no es más que el mundo al revés…
Porque tal vez,
todo aquello se ha acabado

Se ha disipado,
cómo ha hecho
el que fue siempre
mi deseo más profundo:

El querer estar anclado
a ese pasado
en el que simplemente vivía,
a tu lado,
con ese alma de niño
que parece haberse marchado.

Por favor,
dime ya dónde se ha metido
el pequeño que vivía dentro de ti,
que sonreía a la vida
a pesar de las mil hostias

El que decía que soñaría…
para siempre.

Pero ahora nada de eso está.
Ahora yo ya no soy,
porque tú ya no eres.
Ahora yo ya no estoy,
porque tú ya no estás.

Segundo peldaño

Me ahogo en tu reflejo
buscando un atisbo de lo que eras,
pero no encuentro
ni el más mínimo resquicio de luz

Porque todo esto
no es más que un puto ataúd
de sentimientos atrapados.

Porque no somos más
que un par de dados
jugando a cara o cruz,
queriendo sumar,
y barajando la oportunidad
de que en esta partida
salga de una vez por todas
un as de corazones,
que, con suerte,
nos devuelva todas esas razones,
que el tiempo nos ha arrebatado.

Quiero saltar al océano de tus ojos,
pero me doy cuenta de que ahora
es un enorme desierto rojo
de miradas vacías:

Y yo,
en este campo de minas,
con una pistola cargada de versos,
cargada de rimas.

Y tú,
que me ves
pero ya nunca me miras,
así,
como solo tu sabías.

Y tú,
¿quién lo diría?
el que tanto me quería…

Has tensado las cuerdas
que nos unían,
has borrado la tinta de la letra
que formaba nuestra historia

Y ahora

todo

está

roto.

Descosido.

Tachado.

Porque me has fallado,
me has matado
y mi alma fría se hunde en tu pecho,
amor…
parece ser que mi interior
sigue necesitando de tu calor.

Pero cuanto más
y más
y más
lo ansío,
poco a poco te vas convirtiendo en frío.

Y es que yo ya no confío
en el desafío que supone sobrevivir
a este duro invierno…
sin ti.

Principio del fin (Peldaño I)

Son-risas
y a la vez son lágrimas
porque puede que nunca más
vuelva a ver aquello que fuiste.

Explícame por qué huiste,
porqué tú corazón
ya no late como antes
al tenerme al lado.

Cuéntame porqué has acabado,
porqué has arrasado
con las ganas,
esas que me tenías
que decías que nunca se irían,
y que tú tampoco lo harías.

Dime dónde se ha escondido
tu alma de mí,
donde está aquello que fui
cuando nos teníamos de verdad.

Y de verdad te pido que me expliques
de una vez por todas
donde está el que era,
entre miles de personas,
aquel del que me enamoré.

Y mi pecho (que nunca razona),
te ruega que cojas un mapa
y señales ese lugar:
la exacta zona,
en la que se encuentre tu corazón.

Y con razón, vida mía,
te suplico que te quites ese armazón,
que te tapa por completo.

Porque ansío libertad
y tú no haces más que encerrarme
en mi más oscura mitad.

Aquí,
dentro de esta jaula
de cuatro paredes
en la que lo único que me queda de ti,
es tan solo tu exterior.

Y entre temblor y temblor,
de esta entrecortada voz,
exclamo…
qué duro el tiempo,
y qué aterrador…
que se burla de mí,
que me arrebata tu amor.

Ocho (ni más, ni menos)

Te veo. En el brillo de los ojos de la gente feliz y en la luz que desprende su radiante y espléndida sonrisa.

Te siento. Cuando camino por estas calles, en tus pasos siguiendo mi sombra, hasta en la oscuridad más remota. Y en el calor de tu mano sobre mi hombro cuando empiezo a llorar de miedo y me hace recordar que puedo (con todo).

Te recuerdo. Cuando siento entusiasmo, motivación y ganas, porque tú, eras las mías de cada día, de cada hora, de cada minuto y de cada segundo. Y maldigo el mundo todos y cada uno de ellos en los que no estuve contigo; aunque tú siempre estuviste conmigo, y sé que sigues estándolo.

Y cuando grito, cuando grito muy fuerte de rabia e impotencia, y ni siquiera sé a ciencia cierta lo que me pasa. Porque soy un alma indomable, como tú siempre me decías.

Te oigo. En el viento cuando sopla, y su sonido me susurra al oído que siga, que camine, que no me detenga. Como solías recordarme cada noche, que tu mano siempre estaría tendida, aunque yo sea vendaval.

Y en el mar, que con solo escucharlo te calma. Es ese instante mágico en el que te sientes arropado, protegido, sosegado. En el que todo desaparece y solo queda el susurro del oleaje templado, que para mí ahora representa tu voz.

Y en cada letra de las canciones que siempre escuchabas, en cada melodía, porque si algo me demostraste es que eras, eres, y serás arte, poesía. Y que, aunque solo te comprendían unos pocos, quien lo hacía, se había ganado el mayor tesoro.

Te huelo. En tu perfume que impregna cada uno de los rincones de mi mente, y que, desde el día en que te fuiste, aún sigue presente.

Y te quiero. Con todas y cada una de sus letras.

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(Dis)capacidad.

No veo tu rostro, pero puedo palpar cada milímetro de tu piel.

Acaricio tus labios, suaves, delicados. Entonces, te digo esa frase con la que te hice reír el día que nos conocimos, hace ya nada más y nada menos que veinticinco lunas llenas agarrado a tu cintura, pidiendo que se pare esto tan relativo que llamamos tiempo.

Y de repente, empiezo a sentir tu boca de otra manera. Yo no la veo, pero me trasmite energía, como ese primer día. Me da vida. Sí, definitivamente me da la vida entera.

Me nutro del ardor que desprenden tus mejillas cuando a altas horas de la noche se me escapan esas palabras que inevitablemente te hacen enrojecer.

También sé cuándo tu alma está cansada, porque tus ojos están tristes. Lo noto porque no están tan abiertos como siempre, como lo están todas y cada una de las veces en las que te digo eso que solo tú y yo sabemos.

Siento en cada una de las yemas de mis dedos la armonía de tus facciones y todos mis sentidos se activan. Entonces pienso… qué ciego el hombre, que solo ve con los ojos, y no con el corazón.

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Reflejo (¿en falso?)

Sola frente al espejo, contempla su reflejo;

siente sus pies justo al límite de un precipicio,

adventicio el momento en el que comenzó el vicio;

la perdición de odiarse, imperfección hecha cuerpo, maleficio.

Se encuentra ahí, al borde de la ruina,

aquello es como un abismo sin fondo, una sima;

y ella en el extremo, sin poder retroceder:

a punto de caer, sin remedio.

Entonces comienza el borrón de sus pasados ideales,

banales creíste palabras que para ella fueron vitales.

Ve cosas que no son, y así, sin ton ni son,

ya sólo lo que le dijiste está en su visión.

Poco a poco perdiendo la razón,

esa que tú día tras día le quitaste,

y no paraste hasta que tu sucia rabia frustrada no saciaste.

Esta es la primera página de un cuento que habla de tormento,

de una historia que la deja sin aliento.

Que espera al justo momento para llegar y meterse en su cabeza,

que tropieza en la torpeza, de la tristeza que la invade en ocasiones.

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Menos es más

Te echo de menos cuando te tengo enfrente, porque nuestras miradas se ven pero ya no se miran, solo se cruzan.

Te echo de menos cuando de casualidad nuestras manos se rozan, porque ya no noto esa electricidad, esa especie de conexión que había entre nosotros.

Te echo de menos cuando te tengo cerca, tan cerca como para saber que estás inalcanzablemente lejos.

Y en silencio te grito que no estás aquí, que me duele, que me quema,

¿y cómo decirte que quiero quemarte y que ardamos juntos?

¿y cómo expresar que mi menos es más si estoy a tu lado?

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